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lunes, 17 de septiembre de 2012

UN IDILIO CON DIOS QUE NOS HACE UNO CON ÉL; ASÍ ESPONTÁNEAMENTE GUARDAMOS SU LEY Y LA EXALTAMOS, NO LA CAMBIAMOS (E.V. Éxodo, Witness Lee)

 Recibimos la vida de Dios por medio de un proceso de concepción divina.
El hecho de que hemos nacido de Dios (Jn. 1:12-13) indica que
la vida de Dios entra en nosotros por medio de la concepción.
El nacimiento siempre involucra la concepción de la vida.
Nuestra vida física describe la vida espiritual. En principio, el nacimiento espiritual
es el mismo que el nacimiento físico.
Ambas clases de nacimiento involucran la concepción de la vida.
Por medio de la 
concepción y del nacimiento, hemos recibido la vida de Dios. 


Cristo como la Vid debe tuvo que
ser herido para poder ser injertado.

ESTUDIO-VIDA DE EXODO

MENSAJE CINCUENTA Y CUATRO

GUARDAR LA LEY AL AMAR A DIOS,
A SU PALABRA Y SER UNO CON EL
(1)

Lectura bíblica: Gn. 1:26; Jer 31:3, 32; 2:2; Jn. 3:29; Mt. 9:15; Ef. 5:25-27; 2 Co. 11:2; Ap. 19:7; Jn. 21:15-17; 2 Co. 5:14-15; Jn. 14:21, 23; Cnt. 1:2-4.

(Las anotaciones en letra azul han sido añadidas)


...

3. Un proceso de concepción divina

Puesto que las verdades bíblicas son tan profundas, no podemos entenderlas, a menos que usemos ejemplos y parábolas. Es lo mismo en cuanto a la manera en que la vida de Dios entra en nosotros. La vida de Dios no puede entrar en nosotros como el agua que se derrama en un vaso. Recibimos la vida de Dios por medio de un proceso de concepción divina. El hecho de que hemos nacido de Dios (Jn. 1:12-13) indica que la vida de Dios entra en nosotros por medio de la concepción. El nacimiento siempre involucra la concepción de la vida.
He sido condenado por enseñar la mezcla de Dios con el hombre. Permítanme preguntarles: ¿cómo podríamos ser concebidos de Dios y nacer de El sin estar mezclados con El? Juan 3:6 dice: “lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. Nuestra vida física describe la vida espiritual. En principio, el nacimiento espiritual es el mismo que el nacimiento físico. Ambas clases de nacimiento involucran la concepción de la vida. Por medio de la concepción y del nacimiento, hemos recibido la vida de Dios.
En el recobro del Señor, recalcamos los aspectos subjetivos de la verdad en la Biblia. Muchos religiosos se ofenden por eso. Cuando se dice que Cristo es grande, que El ha sido glorificado y entronizado en los cielos, se preguntan cómo el Cristo exaltado podría ser nuestra comida. Algunos hasta se burlan de nosotros, preguntando cuál es nuestra base para decir que Cristo es comestible. En su ceguera, ellos ignoran la verdad subjetiva de que Cristo, el pan de vida, es verdaderamente comestible. El mismo dijo: “El que me come, él también vivirá por causa de Mi” (Jn. 6:57). Comer a Cristo, es decir, vivir por El ciertamente son asuntos muy subjetivos.

C. Dos ejemplos de la unidad

1. El injerto

Hemos visto que la vida de Dios es la que nos une a El. Un ejemplo de esta unidad en vida lo es el injerto de una rama de un árbol a otro árbol. El injerto involucra un proceso metabólico. Unos palos muertos pueden ser clavados, pegados o atados, pero no pueden ser injertados. Sólo las cosas vivientes pueden ser injertadas.
Dos sustancias que se van a injertar deben ser similares en vida. Sabemos que nuestra vida humana y natural no es idéntica a la vida divina. Génesis 1 presenta un principio según el cual cada vida es conforme a su género. Pero aunque la vida humana no es divina, fue creada conforme a la vida divina, pues el hombre fue hecho a la imagen y a la semejanza de Dios. Sólo la vida humana fue creada conforme a Dios. Por ser similares en ciertos aspectos, la vida humana y la divina pueden ser injertadas. Cuando se produce este injerto, la esencia de la vida divina fluye dentro de la vida humana y produce una unidad maravillosa de Dios y el hombre. ¿Cómo podríamos ser uno con Dios y cómo El podría ser uno con nosotros? Esta unidad viene con el injerto de la vida humana dentro de la vida divina y viceversa. Juan 15 declara claramente que somos ramas en Cristo, quien es la vida. Conforme al ejemplo usado por Pablo en Romanos 11, somos ramas injertadas dentro de Cristo. Ahora que permanecemos en Cristo y que El permanece en nosotros, compartimos una sola vida. Esta unidad en vida nos hace verdaderamente uno.

2. Marido y esposa

Otro ejemplo de nuestra unidad con el Señor que se presenta en las Escrituras es la unidad entre un hombre y su esposa. Un marido y su esposa son uno tanto en naturaleza como en vida. Finalmente, después de muchos años, un hombre y una mujer que han disfrutado una verdadera vida matrimonial llegarán a ser uno aún en expresión. Durante la luna de miel, el marido y la esposa son uno en amor. Con el tiempo, se hacen uno en vida. Pero finalmente, los que desarrollan una vida matrimonial adecuada llegan a ser uno en expresión. Este es un cuadro de nuestra relación con el Señor. Primero somos uno con El en amor; luego somos uno con El en vida y naturaleza; y finalmente seremos uno con El en expresión. Cuando somos uno con El en amor, experimentamos Su vida y disfrutamos de Su naturaleza. Cuando llevamos Su vida y caminamos conforme a Su naturaleza, llegamos a ser Su expresión.
En el mensaje anterior mencionamos que la ley describe lo que Dios es. Esto significa que la ley es la expresión de Dios. Si llegamos a ser uno con Dios en amor, vida, naturaleza y expresión, obedeceremos Su ley automáticamente. No necesitamos proponernos obedecerla, pues viviremos espontáneamente conforme a la ley de Dios.

D. La ley es exaltada y no cambiada

Es importante ver que en el Nuevo Testamento, los Diez Mandamientos se repiten, desarrollan y exaltan. De hecho, la enseñanza del Nuevo Testamento va más allá de los Diez Mandamientos. Todo aquel que rechaza la ley de Dios, rechaza también todo el Nuevo Testamento, lo cual reitera de una manera extensa la ley promulgada en el Antiguo Testamento. En Mateo 5, el Señor Jesús completó la ley y la exaltó. Más de una vez, El dijo: “Oísteis que fue dicho a los antiguos ... pero Yo os digo...” (Mt. 5:21-22, 27-28, 31-32, 33-34, 43-44). El Señor Jesús vino sin ninguna intención de abolir la ley. El mismo dijo: “No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir” (Mt. 5:17). En cuanto a la ley, la enseñanza del Nuevo Testamento es esencialmente la misma que la de los Diez Mandamientos.
Cuando algunos lean eso, se preguntarán acerca del cuarto mandamiento: guardar el día de reposo. Aún en cuanto al día de reposo, el Nuevo Testamento no cambia en principio. En el Antiguo Testamento, el séptimo día era una conmemoración, una marca de la creación de Dios. No obstante, nosotros los santos en la iglesia, hemos sido regenerados en la resurrección de Cristo (1 P. 1:3), y por esta razón, no somos solamente de la creación de Dios, sino también de Su nueva creación. A diferencia de Adán, no somos los que viven en la creación de Dios, sino los que viven en la resurrección de Cristo. Por consiguiente, nuestro día de conmemoración ya no es el séptimo día; sino el octavo día, el primer día de la semana, el día de resurrección. Hechos 20:7 nos dice que los discípulos se reunían en ese día, y no en el séptimo día, para celebrar la mesa del Señor. Según 1 Corintios 16:2, también en este día se apartaban cosas materiales para el uso de Dios. Además, en Apocalipsis 1:10, Juan afirma que él estaba en el espíritu en el día del Señor, el cual era el primer día de la semana. Puesto que existe un día de conmemoración tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, está correcto decir que en cuanto al cuarto mandamiento, no hay ningún cambio en principio. Puesto que los santos del Antiguo Testamento vivían en la creación de Dios, su día de conmemoración era el séptimo día. No obstante, ya que, los santos del Nuevo Testamento, estamos en resurrección, nuestro día de conmemoración es el octavo día. Este día fue cambiado del séptimo día al octavo. No obstante, Dios no ha anulado el principio de apartar un día para el Señor. Vemos nuevamente que en principio, toda la Biblia, el Antiguo Testamento como el Nuevo, es consistente en cuanto a la ley.  (Ver: http://txemarmesto.blogspot.com.es/2012/07/sabado-o-domingo.html)

E. La meta de Dios

La meta de Dios consiste en hacernos uno con El. La manera en que podemos llegar a ser uno con El es con amor, vida, naturaleza y expresión. Nuestro amor por Dios debe ser como el amor de una mujer por su marido, el amor descrito en Cantar de Cantares. Para amar al Señor de esta manera, recibimos Su suministro de vida. Hemos dado muchos mensajes sobre la vida y la edificación, basándonos en Cantar de Cantares (ver Life and Building as Portrayed in the Song of Songs [La vida y edificación presentadas en Cantar de Cantares]). Mediante nuestro amor afectuoso por el Señor Jesús, recibimos el suministro de la vida. Mientras esta vida crece, se produce la edificación. En realidad, el crecimiento de vida es la edificación. Amar al Señor como a nuestro marido y experimentar Su vida y naturaleza, hará de nosotros Su expresión. El Cantar de Cantares describe esta secuencia. Finalmente, en un sentido auténtico, la que ama en Cantar de Cantares llega a ser igual a su amado. Los dos, el hombre y la mujer, llegan a ser uno absolutamente, aún en expresión, viviendo como si fuesen una sola persona.
En la unidad entre el hombre y la mujer, vemos la manera adecuada de obedecer la ley. No obedecemos la ley por el ejercicio de nuestra mente ni de nuestra voluntad. Lo hacemos amando al Señor como nuestro marido. Todos necesitamos este amor dulce, íntimo y afectuoso entre nosotros y el Señor. Debemos amarlo a El como una mujer ama a Su marido. Todos nosotros, jóvenes y ancianos, necesitamos esta clase de amor. Cuanto más amemos al Señor de esta manera, más compartiremos de Su vida y más lo viviremos a El espontáneamente según Su naturaleza. Entonces nuestro vivir se convertirá automáticamente en guardar Su ley. Lo que expresemos será conforme a la ley como Su descripción, definición y expresión.
Como veremos en un mensaje más adelante, si intentamos obedecer la ley de Dios sin tener este amor afectuoso por El, estaremos en tinieblas, seremos condenados, quedaremos expuestos y hasta esta ley acabará con nosotros. Este es el aspecto oscuro de la ley, el aspecto de las “tinieblas”. En este mensaje, nuestro enfoque ha sido considerar el aspecto resplandeciente, el aspecto de la “luz”. Al considerar este aspecto, vemos que sólo podemos obedecer la ley de Dios cuando lo amamos y somos uno con El.

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