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lunes, 17 de septiembre de 2012

LA VIDA NATURAL NOS TRAE SUFRIMIENTO, AUNQUE NO NOS PRIVA DE LA GRACIA (E.V. Génesis, Witness Lee)



La vida natural no entorpece la gracia, pero nos acarrea sufrimiento. No disminuirá la cantidad de gracia que recibamos, pero sí incrementará nuestra medida de sufrimientoMientras usted tenga parte de su vida natural, ésta le causará sufrimientos. Si usted no desea sufrir, no debe vivir en la vida natural. No se valga de su astucia, ni ejerza su sabiduría para ayudar a Dios, ni haga nada usando su vida natural. 
Esto solamente añadirá sufrimiento

ESTUDIO-VIDA DE GENESIS

MENSAJE SESENTA Y CINCO

UNA DEBILIDAD NATURAL COMO ABRAHAM
Y
UNA VIDA NATURAL COMO JACOB


...

d. Una vida natural igual como la de Jacob

En Isaac no vemos solamente la debilidad natural sino también la vida natural. El seguía viviendo en el nivel natural. No llevaba una vida supuestamente espiritual todo el tiempo. Después de que Isaac oró, Dios le dio dos hijos: Esaú y Jacob. Isaac amaba a Esaú porque éste era un cazador muy hábil y porque “comía de su caza” (25:27-28). El amor de Isaac por su primogénito fue limitado a la esfera de la vida natural, a su preferencia natural, como lo fue el amor de Jacob por José (37:3-4). El marido empezó a mostrar un amor parcializado; así que la esposa hizo lo mismo. Esaú, “diestro en la caza”, fue el hijo preferido de su padre, y Jacob, un hombre tranquilo que moraba en tiendas, fue el hijo predilecto de su madre. A las madres les gusta tener un hijo que se quede tranquilo cerca de ellas. Ninguna madre preferiría a un hijo agreste que disfruta de los deportes todo el día. En la familia de Isaac, el padre prefería a Esaú, y la madre a Jacob. ¿Qué clase de vida era ésta, acaso era una vida espiritual, una vida de resurrección? No. Era una vida natural, aunque no era una vida pecaminosa. No debemos pensar que somos diferentes, pues los padres tienen un amor parcializado. Si usted tiene varios hijos, amará a uno de ellos más que a los demás, conforme a su preferencia, y todos sus hijos sabrán quién es su predilecto. Este amor parcializado no corresponde a nuestro espíritu, sino a nuestras preferencias naturales. Amamos a un muchacho o a una muchacha en particular, porque corresponde a nuestro gusto natural. Esta es la vida natural.
La vida natural siempre nos causa problemas. La predilección en la vida de Isaac provocó la necesidad de suplantar. Rebeca quería que su hijo preferido recibiera la bendición. En el capítulo veintisiete vemos que ella perfectamente podía suplantar (vs. 5-7). Ella le enseñó a Jacob a suplantar. En el capítulo treinta Jacob engañó a su tío Labán en cuanto al rebaño (vs. 31-43). El principio se aplica también en el capítulo veintisiete. Rebeca preparó una carne gustosa y cubrió las manos y el cuello de Jacob con pieles de cabrito. Cuando Isaac lo palpó, dijo: “La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú” (27:22). Aquí vemos que el arte de suplantar lo aprendió Jacob de su madre, quien formaba parte de su padre. En cierto sentido, la madre engañó al padre; eso significa que la segunda parte de una persona engañó a la primera. El engaño de esta familia consiste en engañarse a sí misma. Al final en la familia, todos fueron engañados. Cuando leí este capítulo, dije: “Rebeca, te creías muy lista, pero en realidad, fuiste necia. ¿Acaso no sabes que Dios había dispuesto que Jacob fuese el primero? Tú no necesitabas ayudar”. Rebeca al tratar de ayudar a su hijo, lo perdió. Génesis no nos dice cuánto tiempo vivió Rebeca. Es posible que haya muerto antes de que Jacob hubiese vuelto de la casa de Labán. Eso significa que Rebeca perdió a su hijo por causa del engaño. Rebeca probablemente no vivió lo suficiente para ver nuevamente a su hijo Jacob. Ella pensaba que lo estaba ayudando, pero en realidad, lo perdió por haber suplantado.
Resulta difícil pensar que una persona como Isaac hubiese tenido esta debilidad natural y hubiese llevado una vida tan natural. Isaac sufrió por causa de su vida natural (26:34-35; 27:41-46; 28:6-9). Isaac disfrutó siempre la gracia, pero hubo sufrimiento en su vida. Tanto Isaac como Rebeca sufrían por vivir de una manera natural, pues las mujeres de Esaú fueron “amargura de espíritu” para ellos (26:34-35).
Debido al amor parcializado predominante en esa familia, Esaú aborreció a Jacob y quería matarlo. Cuando Rebeca se enteró de esto, le pidió a Jacob que huyera a casa de su hermano Labán y se quedara con él hasta que la ira de Esaú hubiese desaparecido. No obstante, Rebeca le presentó a Isaac otra versión (27:46). Parecía decir: “Las esposas de Esaú nos han causado mucha amargura de espíritu y yo no podría vivir si Jacob tomara como esposa a una mujer de éstas. Debemos mandarlo lejos para que consiga esposa”. Rebeca dijo lo mismo de dos maneras distintas. Toda esposa sabia hace eso, pues cuenta la misma historia de dos maneras distintas. Igual que muchas esposas actuales, Rebeca le mintió a Isaac al decirle la verdad. Ella quería enviar a Jacob lejos para protegerlo de Esaú, pero no le dijo esto a Isaac, sino que le dijo que estaba cansada de sus nueras gentiles y que no quería que Jacob tomara esta clase de esposa, sugiriendo así que Isaac enviara lejos a Jacob para que consiguiera una esposa de su propio linaje. Lo que dijo era cierto, pero la intención era otra. Eso causó sufrimiento.
Mientras Isaac disfrutaba de la gracia, también sufría por vivir en la esfera natural. La vida natural no entorpece la gracia, pero nos acarrea sufrimiento. No disminuirá la cantidad de gracia que recibamos, pero sí incrementará nuestra medida de sufrimiento. Mientras usted tenga parte de su vida natural, ésta le causará sufrimientos. Si usted no desea sufrir, no debe vivir en la vida natural. No se valga de su astucia, ni ejerza su sabiduría para ayudar a Dios, ni haga nada usando su vida natural. Esto solamente añadirá sufrimiento. Es mejor que no llevemos una vida natural.
Isaac vivió en la vida natural, pero Dios obró soberanamente en todas las cosas. En cierto sentido, la vida natural ayudó a la soberanía de Dios. Dios había predestinado a Jacob para que tuviera la primogenitura y participara de la bendición del primogénito. La suplantación de Rebeca le causó sufrimientos, pero esto fue dispuesto soberanamente por Dios para cumplir Su propósito. Todo se encontraba bajo la soberanía de Dios para que se cumpliera Su propósito. Por lo tanto, podemos decir: “Alabado sea el Señor, porque el propósito de Dios se está cumpliendo, aunque yo sea bueno o malo, espiritual o no. No importa lo que suceda, me encuentro en la gracia y la disfruto”. Nada nos puede impedir que disfrutemos la gracia. No obstante, si queremos evitar el sufrimiento, no debemos vivir en la vida natural.

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