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sábado, 28 de julio de 2012

PROGRESAR DE MARA (las aguas dulces de Mdme. Guyón y Sra. Penn-Lewis) HASTA ELIM (aguas que fluyen y hacen crecer las palmas de victoria) (E.V. Éxodo, Witness Lee)


ESTUDIO-VIDA DE ÉXODO

                                                             MENSAJE TREINTA Y UNO      

LA EXPERIENCIA DE ISRAEL EN ELIM

Lectura bíblica: Ex. 15:27; Nm. 33:9; Jn. 7:38-39; Sal. 92:12a; Lv. 23:40; Neh. 8:15; Jn. 12:13; Ap. 7:9; Ex. 24:4, 1; Nm. 11:16, 24-25; Lc. 9:1; 10:1


(Nota: Las anotaciones en letra azul son del blog)

...

V. ACAMPARON COMO UN EJÉRCITO

Al final de Éxodo 15:27, vemos que los hijos de Israel “acamparon allí junto a las aguas”. La palabra acamparon indica que el pueblo de Dios había sido formado en un ejército. La vida que fluye y que crece suple al pueblo de Dios como Su ejército. Cuando lleguemos al capítulo diecisiete, veremos que el pueblo de Dios libró batalla como ejército. En Elim estaban llenos del disfrute de la vida que los calificó para combatir. Esto les permitió combatir a fin de llevar a cabo el propósito de Dios de edificar su morada.
En Sinaí, el pueblo de Dios recibió la visión celestial acerca de la construcción del tabernáculo. El largo viaje desde Egipto hasta Sinaí no pudo ser emprendido sin luchas. Al principio, el pueblo no luchó por sí mismo. Dios luchó por ellos y venció al faraón y a su ejército, al destruir a Faraón y a sus carros en las aguas del mar Rojo. Después de que el pueblo de Dios cruzó el mar Rojo y tuvo las experiencias en Mara y Elim, fueron fortalecidos como ejército de Dios y calificados a fin de combatir por el propósito de Dios. Esta fue la razón por la cual Dios no luchó por ellos en el capítulo 17. Ellos mismos pudieron combatir por medio de la vida que fluye y que crece.
Si deseamos ser fortalecidos como el verdadero ejército de Dios, primeramente nosotros también debemos experimentar el fluir de las doce fuentes y el crecimiento de las setentas palmeras. Necesitamos la vida que fluye y que crece, una vida perfecta y completa. Sólo así estaremos calificados y equipados como ejército a fin de combatir por el propósito de Dios. En el recobro del Señor, sabemos que estamos comprometidos en la lucha espiritual. No sólo estamos en nuestras localidades; acampamos en ellas. Para combatir, no es suficiente comer el cordero pascual con las hierbas amargas y los panes sin levadura, también debemos experimentar la cruz y la resurrección, es decir, debemos pasar por Mara y llegar a Elim.
Al estudiar Éxodo 15:27 nos damos cuenta de que nosotros también debemos llegar a Elim. Tengo la seguridad de que por lo menos hasta cierto grado, las iglesias en el recobro del Señor están acampando en Elim, disfrutando de las doce fuentes y las setenta palmeras. ¡Cuánto agradecemos al Señor por este cuadro de la vida de resurrección! ¿Ha visto usted las fuentes que fluyen y las palmeras que crecen? ¿Ha visto que el resultado de esta vida que fluye y que crece es un ejército fortalecido para combatir por el propósito de Dios? ¡Alabado sea Él porque somos Su ejército acampando en la vida que fluye y que crece!

VI. DESDE MARA HASTA ELIM

En nuestra experiencia, no sólo necesitamos las aguas dulces, sino también las aguas que fluyen. Esto significa que necesitamos el agua que fue cambiada y pasó de amarga a dulce y también el agua que fluye desde las doce fuentes en Elim. Para tener el agua que fluye, debemos seguir adelante desde Mara, la experiencia de la cruz, hasta Elim, la experiencia de resurrección.
Desde la época de Madame Guyon y sus contemporáneos hasta la época de la señora Penn-Lewis, la mayor parte del pueblo de Dios se encontraba en Mara. Mediante el ministerio de la señora Penn-Lewis, la experiencia subjetiva de la cruz fue recobrada plenamente. En los años que siguieron a la señora Penn-Lewis, el Señor ha seguido adelante y ha ido desde Mara hasta Elim. En Elim, El cuida de Su plantación con las doce fuentes y las setenta palmeras. No obstante, muchos de los que buscan al Señor todavía aprecian mucho a Mara y desean permanecer allí. No han progresado más allá de los escritos de la señora Penn-Lewis acerca de la cruz. Por el contrario, todavía recalcan esta experiencia. Sin embargo, no prestan mucha atención a las fuentes que fluyen y a las palmeras que crecen. Testifican principalmente que su amargura fue cambiada en dulzura por la aplicación de la cruz. Los que se quedan en Mara tienen el árbol de sanidad, pero no las setenta palmeras que crecen y expresan las riquezas y la victoria de la vida divina. En Mara no hay ninguna plantación. Hay solamente un árbol cortado y echado en las aguas amargas.
Mi intención no consiste en despreciar a los que nos han precedido en el recobro del Señor. Mi intención es señalar la necesidad que tenemos de progresar desde Mara hasta Elim. Debemos seguir adelante desde el árbol de sanidad hasta las palmeras que crecen y que florecen. Hoy en Su recobro, Dios no desea que nos quedemos en Mara. Él necesita que sigamos adelante hasta Elim y que seamos fortalecidos allí como Su ejército.

Hace poco recibí una carta de alguien que pedía libros escritos por los místicos de hace tres siglos, en particular los escritos de Madame Guyon y del hermano Lawrence. En realidad, la autobiografía de Madame Guyon es una historia de la experiencia en Mara. Pasa lo mismo con The imitation of Christ [Imitación de Cristo]. Los que recalcaron la experiencia en Mara en los últimos tres siglos no pusieron mucho énfasis en las doce fuentes que fluyen y en las setenta palmeras que crecen. Hoy, el Señor desea que experimentemos las fuentes que riegan la plantación de Dios a fin de que las palmeras crezcan y expresen las riquezas de Su vida y Su victoria. Puesto que en Mara no hay ninguna plantación, sino más bien el cambio de amargura en dulzura, no vemos ningún crecimiento allí. Pero en Elim, disfrutamos de la labranza de Dios, de las palmeras que expresan las riquezas de la vida divina y la victoria completa de Su administración. En nuestra experiencia, las aguas que han sido cambiadas de amargas a dulces, deben convertirse en aguas que fluyen, en las cuales, por las cuales, y con las cuales crecemos como palmeras que expresan la rica vida de Dios y Su plena victoria.

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